Introducción
El
término de “Sumisión química” (SQ de ahora en adelante) deriva del francés
soumission chemique y puede definirse como la administración de sustancias
psicoactivas a una persona, sin su conocimiento, con fines delictivos o
criminales. No obstante, el concepto de SQ como tal se empleó por primera vez
en 1982 para referirse a la administración de un producto a una persona sin su
conocimiento con el fin de provocar una modificación de su grado de vigilancia,
de su estado de consciencia y de su capacidad de juicio. Esta vulnerabilidad se
provoca deliberadamente con el fin de causar a la víctima un perjuicio secundario
(robo, firma de documentos, agresión sexual…). En la práctica, las víctimas
están dormidas, o incluso despiertas, pero en cualquier caso, bajo el control
del agresor. La mayoría de las víctimas son mujeres jóvenes a las que el
agresor administra una sustancia a fin de disminuir su resistencia al acto
sexual.

La práctica de la SQ no es, sin
embargo, un fenómeno nuevo, sino que ha sido una constante histórica en el
desarrollo de las civilizaciones. Así, hacer consumir alcohol a una persona
para limitar tanto sus defensas físicas como psíquicas o la administración de
opiáceos, setas alucinógenas u otros productos vegetales sin el conocimiento de
la víctima se han practicado en los ritos de iniciación de ciertas sectas
religiosas o de ciertas tribus.
También es importante introducir el
concepto de DFSA (puesto que a veces se confunde con el de SQ), del inglés drug-facilitated sexual assault, y que
viene a significar agresión sexual facilitada por drogas. Como hemos dicho
antes, la SQ se utiliza para robos, firma de documentos… pero cobra especial
importancia la agresión sexual, por ello que haya una clasificación especial
para este tipo de actos. Hay tres tipos de circunstancias dentro del DFSA:
- Ingestión involuntaria de
sustancias incapacitantes, es decir, sin conocimiento de la víctima.
- Ingestión voluntaria e involuntaria de
sustancias incapacitantes: existe un consumo voluntario de alguna sustancia,
como alcohol y/o drogas, pero a este consumo voluntario se suma el consumo
involuntario de alguna sustancia añadida a la bebida o la comida por una
tercera persona.
- Consumo voluntario de
sustancias incapacitantes, que el agresor aprovecha para su beneficio. A
diferencia de los dos casos anteriores, no hay administración maliciosa de
ninguna sustancia a la víctima.
Elementos implicados
- La víctima: En
los casos de agresión sexual la víctima suele ser una mujer joven,
habitualmente menor de 30 años, aunque también se han descrito casos en mayores
de 60. Igualmente hay casos descritos en varones, sobre todo cuando se trata de
robos, y a veces se asocia esta práctica a la búsqueda de relaciones sexuales
por parte del varón. Los niños también pueden ser víctimas de pederastas, o
incluso ser «drogados» por sus propios familiares para que no “den el follón”.
En este último caso la administración puede ser crónica y fácilmente detectable
mediante el análisis del cabello.
- El agresor: El
agresor, en los casos de agresión sexual, suele ser un varón, que en un alto
porcentaje de los casos (hasta en el 70%) es un conocido de la víctima, bien un
amigo, una expareja, un vecino o un conocido reciente. Sólo en un número
reducido de casos el agresor es un completo desconocido. En los
casos de robo o agresión a niños puede ser un varón o una mujer, e incluso un familiar.
También se han descrito casos de agresión sexual por parte de personal
sanitario a pacientes, en algunas ocasiones durante el ingreso en el hospital,
o bien en el curso de procedimientos terapéuticos o diagnósticos. Las
profesiones sanitarias ofrecen condiciones idóneas para este tipo de abusos, ya
que posibilitan el fácil acceso al contacto íntimo con la víctima y la amplia
disponibilidad de sustancias psicoactivas; de ahí que se hayan comunicado casos
de SQ relacionados con médicos, dentistas, auxiliares o enfermeros.
- Modus operandi: los
casos son muy diferentes entre sí, pero los relatos de las víctimas tienen
ciertos puntos en común: la víctima está en una situación social o laboral aparentemente
carente de peligro (una fiesta, un restaurante, un club, una cena de trabajo,
en casa de un amigo) y consumiendo alguna bebida una bebida. En un corto período
de tiempo sufre una pérdida de conciencia. Cuando despierta y es consciente de
su situación, han pasado varias horas, no recuerda lo que ha ocurrido, puede
estar en un lugar desconocido o diferente. Algunas víctimas pueden no estar
seguras de si han sido o no agredidas sexualmente, mientras que en otros casos
hay signos y síntomas evidentes de tal agresión.
- La sustancia química: Las
sustancias empleadas habitualmente reúnen una serie de características que las
hacen adecuadas para el fin que persigue el agresor, tales como:
- Son
sustancias de acción rápida (para facilitar el control sobre la víctima
e impedir que el cambio de las circunstancias pueda frustrar sus objetivos) y
de corta duración (para no levantar sospechas).
- Producen síntomas poco característicos, que pueden llevar a confundir el
cuadro con una intoxicación etílica o algún trastorno orgánico que confunda al
clínico y retrase el diagnóstico mientras la sustancia se elimina del
organismo.
- Habitualmente son fáciles de obtener, y entre ellas se encuentran el
etanol, ciertos medicamentos y las sustancias ilegales de uso más frecuente.
Por lo que se refiere a su obtención, internet constituye un medio atractivo
que permite adquirir en el extranjero numerosas sustancias útiles con estos
fines e incluso las técnicas necesarias para su preparación.
- La administración
a la víctima debe ser discreta, habitualmente por vía oral, y añadida a
bebidas alcohólicas, que son el vehículo idóneo porque permiten enmascarar el
sabor y el color, al tiempo que potencian los efectos.
- Deben ser de difícil detección por la víctima, sin sabor, olor o color que
delate su presencia. Por eso algunos productos farmacéuticos que se usaban para
este fin han sido modificados en su galénica para que pueda detectarse.
- Han
de ser, además, activas a dosis bajas para permitir también que pasen inadvertidas.
- Finalmente, deben producir los efectos buscados por el agresor para tener a la
víctima bajo su control. Entre ellos figura:
- Amnesia
anterógrada
- Sedación
- Efectos
alucinógenos
- Desinhibición
Sustancias utilizadas
- Alcohol etílico: Es la
sustancia ideal, como ya se ha mencionado, para llevar a cabo este tipo de
prácticas y está presente, solo o asociado a otras drogas, en la orina del
40-65% de las víctimas de agresión sexual en EE.UU, en el 46% de las víctimas
de Londres y hasta en el 85% de los casos sospechosos de SQ. En
el momento de solicitar asistencia sanitaria un alto porcentaje de víctimas de
agresión sexual presenta valores elevados de alcoholemia, que en algunos
estudios pueden ser de hasta 1,1 g/l de alcohol. Si tenemos en cuenta el
retraso con que dicha demanda suele producirse en estos casos (de varias
horas), según los cálculos de algunos autores, considerando que no hubo consumo
de alcohol posterior a los hechos, la concentración de alcohol en sangre en el
momento de la agresión podría haber alcanzado los 2,5 g/l. Esta concentración es lo bastante elevada para justificar todo el
cuadro clínico que se asocia a estos casos (desinhibición, amnesia, etc.).
La cuestión está en la importante discrepancia que suele haber entre la
cantidad supuestamente consumida, según declaración de la víctima, y las
concentraciones encontradas en sangre. Esta discrepancia tan elevada podría
explicarse por dos circunstancias: o bien la víctima no es realmente consciente
de la cantidad de alcohol que había consumido, o bien el agresor añadió más
alcohol (sin conocimiento de aquélla) a su bebida. Sea cual sea la razón, las
últimas estadísticas indican que la presencia de alcohol en sangre es un factor
de riesgo, ya que está presente hasta en el 75% de los casos comprobados de SQ,
ya sea solo o asociado a otro tipo de sustancia.
- Benzodiacepinas: Son
los fármacos sedantes más prescritos en las sociedades desarrolladas y, por
tanto, fáciles de obtener. Entre sus efectos secundarios figura la tríada constituida
por automatismo, desinhibición y amnesia anterógrada. Las que se usan para este
fin son preferentemente las de cinética de difusión y de eliminación encefálica
rápida como el triazolam, oxazepam y flunitrazepam. Sin embargo, también se han
descrito casos de sumisión con lorazepam, bromazepam, clonazepam y alprazolam,
entre otros. Son las sustancias más frecuentemente implicadas en casos de SQ en
algunos estudios efectuados en Francia. En EE.UU. se ha prohibido el
flunitrazepam (Rohypnol®). Estos fármacos son detectables en orina
hasta 240 h después de la administración de una dosis única por vía oral.
- Gammahidroxibutirato:
(GHB). Es un metabolito natural del neurotransmisor ácido gammaaminobutírico y,
por tanto, una sustancia endógena, que actúa como neurotransmisor en el cerebro
y que se ha utilizado en terapéutica. Después de verse implicado en numerosos
casos de SQ se ha denominado “la droga de la violación”. Tiene un efecto muy
rápido y corto, y desaparece muy rápidamente de los medios biológicos, de modo
que las concentraciones fisiológicas se alcanzan a las 6-8 h en sangre y a las
12 h en orina; de ahí la dificultad de detección. Su uso ha creado gran alarma
social en EE.UU, pero su presencia sólo se ha demostrado en el 2-4% de los
casos de SQ. La alarma generada ha sido tal que se han vendido más de 15
millones de ejemplares de un test rápido ideado para la detección in situ de
GHB y ketamina en las bebidas sospechosas.
- Otras
sustancias implicadas: cannabinoides y cocaína las drogas de
abuso detectadas con mayor frecuencia, zolpidem (en un estudio llevado a cabo
en 2004 fue, junto con el clonazepam, el fármaco más frecuentemente detectado
en los casos de SQ en París), zopiclona, derivados de la
metilendioximetanfetamina, hidrato de cloral, ketamina o fentanilo, LSD
(dietilamida del ácido lisérgico), atropina y escopolamina, e incluso distintos
disolventes orgánicos. En total se han descrito más de 30 sustancias implicadas.
Muestras biológicas
para análisis toxicológico
Existe
bastante consenso sobre el tipo de muestras biológicas que resultan útiles para
el diagnóstico de los casos de SQ, pero los miembros de la Sociedad Francia de
Toxicología Analítica han elaborado un protocolo con este fin, que es
ampliamente aceptado. Según dicho protocolo, tres son las muestras que deben
tomarse de modo sistemático:
1. Sangre: cuatro tubos de sangre
total anticoagulada con ácido edético (para evitar la formación in vitro de
GHB) y dos tubos con fluoruro. Debe enviarse en condiciones de refrigeración a
un laboratorio especializado que informe del consumo reciente de la sustancia y
además puede permitir establecer la correlación entre la concentración y el
efecto clínico. Como principal desventaja de su uso para este tipo de casos
figura la rápida eliminación de las sustancias de este medio biológico. Debido
a las características ya comentadas, existe cierto retraso en solicitar ayuda
médica, con lo cual es probable que la sustancia administrada haya desaparecido
de la sangre.
2. Orina: dos tubos de 30 ml, como
mínimo, que también deben enviarse en condiciones de refrigeración. Es una
muestra, habitualmente abundante, que también informa del consumo reciente,
pero ofrece ventanas de detección superiores a la sangre para las sustancias
químicas, ya que pueden llegar a ser de varios días.
3. Cabello: Debe citarse a la víctima a las 3-5 semanas de la supuesta
agresión para obtener dos mechones de pelo del grosor de un lápiz, de la nuca,
cortados a ras del cuero cabelludo, y enviarse en un sobre de papel, indicando
cuál es la punta y cuál la raíz. Al ser el cabello una matriz biológica que va
incorporando a su composición las sustancias químicas presentes en la sangre a
medida que crece, y considerando que la velocidad de crecimiento es de 1 cm al
mes, mediante el análisis del segmento proximal obtenido a las 3-5 semanas se
podría detectar la sustancia administrada y/o su metabolito. Sirve para
distinguir la exposición única de la crónica y para poner en evidencia el
tóxico que ya ha desaparecido de la sangre y orina. Sería útil disponer además
de un mechón obtenido en el momento de la primera consulta para conocer el
historial de consumo de la paciente y así diferenciar la nueva sustancia administrada.
La principal desventaja de esta matriz biológica son las bajas concentraciones
que se pueden esperar tras la exposición a una única dosis del compuesto
administrado.
La
asociación de toxicólogos norteamericanos recomienda, además de las muestras
anteriores, los parches de sudor, que deben llevarse durante 3-7 días después
de la agresión. Se podrían enviar además la bebida o alimento sospechosos, o la
sustancia, si los aporta el/la paciente.
Epidemiología de las drogas de la sumisión
química
Diversos
trabajos apuntan que es prácticamente imposible conocer el número real de casos
que se producen, debido a las dificultades de las víctimas para recordar lo
ocurrido o a las dificultades para detectar las sustancias, por su corta
permanencia en el organismo. En Francia, en un estudio de un año de duración
realizado en París (junio 2003-mayo 2004), se registraron 128 casos sospechosos
de SQ, de ellos 23, es decir, el 18%, se confirmaron analíticamente: zolpidem y
clonazepam fueron las sustancias identificadas con mayor frecuencia, seguidas
de bromazepam, nordiazepam y midazolam.
En
raras ocasiones se detectaron otras benzodiacepinas y análogos, y en casi el
50% de los casos pudo constatarse el consumo previo por parte de la víctima de
narcóticos, drogas de abuso o fármacos.
Según
recoge el estudio de un estudio de 2004 efectuado en Canadá entre 1993 y 2002
registraron 1.594 casos de agresión sexual, de los que 246 (15,4%) se
catalogaron como casos de SQ; el 95,5% de éstos correspondió a mujeres y el
grupo de 15-19 años fue el de mayor riesgo. Según los autores, las chicas
jóvenes menores de 20 años son particularmente vulnerables a esta forma de
agresión sexual, por lo que es necesario crear programas de prevención
específicos dirigidos a este grupo de población. En dicho estudio se observó
además un progresivo incremento de los casos diagnosticados a partir de 1999,
atribuible a varias causas:
a)
A la mayor información de las víctimas debido a la difusión creciente del tema
en la prensa diaria.
b)
A la mayor formación del personal sanitario, que antes diagnosticaba como
agresión común los casos de SQ.
c)
Posiblemente también a la mayor incidencia real por la mayor información de los
asaltantes y el acceso a través de internet a drogas útiles para estos fines.
En
Australia en los años 2003-2004, los casos de SQ supusieron el 17,5% de todos
los casos de agresión sexual. El 95% de las víctimas fueron mujeres y el 77%
admitió consumo voluntario de alcohol (el 71% de éstos había consumido hasta 4
unidades de bebidas estándar). Hasta el 46% de las víctimas reconoció el
consumo voluntario de psicofármacos (benzodiacepinas o antidepresivos, entre
otros) y hasta un 25% admitió consumo de drogas recreativas. Estos datos ponen
de manifiesto, según los autores, la escasa frecuencia de casos de SQ por
exposición involuntaria a una sustancia química y el riesgo asociado al consumo
voluntario de alcohol, fármacos y drogas.
En
Gran Bretaña, el número de incidentes por violación en citas denunciadas en una
asociación nacional de carácter benéfico en el año 2003, pasó de 39 en 1990 a
935 en 2002; sólo uno de cada ocho casos fue denunciado a la policía.
Los
estudios epidemiológicos de otros países indican que hasta un 17% de las
agresiones sexuales podría catalogarse como casos de SQ por exposición
involuntaria de la víctima a alguna sustancia psicoactiva. Un alto porcentaje
de las víctimas admite el consumo voluntario previo de alguna sustancia.
En España se han encontrado muy pocos datos,
no porque no los haya, sino posiblemente porque se ha investigado muy poco, si
bien es cierto que cada vez en mayor medida; uno de estos estudios ha sido
realizado por el departamento del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias
Forenses de Sevilla entre los años 2010 y 2012 en los que se sospechaba una
posible SQ. Se realizó una investigación toxicológica encaminada a poner de
manifiesto la presencia de alcohol etílico u otras sustancias psicoactivas
determinando también la presencia de semen; como conclusión de los resultados
obtenidos destacan que más de la mitad de los 73 casos estudiados presentaron
resultados negativos, pudiendo considerar, a partir de la información sobre la
víctima y los hechos y los resultados obtenidos, que únicamente tres de los sumarios
se podrían catalogar como claros casos de SQ.
Un
estudio similar, también con carácter descriptivo y retrospectivo ha sido
realizado por el Instituto de medicina legal de Alicante en el cuatrienio
2009-2012, de las 179 agresiones sexuales valoradas, en 19 casos existe una
altísima probabilidad de posible DFAS (10,6%). La casi totalidad eran mujeres
(95%), con edades comprendidas entre los 14-37 años. En la mayoría el agresor
es un conocido (47%) y una sola persona (74%). La mayoría de las víctimas (68%)
reseñaba un consumo previo voluntario de alcohol, solo o con otras sustancias
psicoactivas, siendo el cannabis y la cocaína las drogas de abuso encontradas
con mayor frecuencia. Se han detectado sustancias psicoactivas que la víctima
refería no haber consumido voluntariamente el 47% de los casos, de los cuales
en el 21% se encontró más de una; las sustancias detectadas corresponden a
cocaína 26,3%, cannabinoides 15,8%, benzodiacepinas 15,8%, alcohol 10,5% y
anfetaminas 5,3%.
Si
bien hay que tener constancia de que el tiempo transcurrido entre la agresión y
la toma de muestras fue de 18-26 horas. Otro estudio descriptivo retrospectivo
realizado a partir de los casos de agresiones sexuales relacionados con el
consumo de sustancias químicas, remitidos durante los años 2010, 2011 y 2012 al
Departamento del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses de
Madrid se detecta que de los 306 casos de agresión o abuso sexual remitidos,
107 (34,96%) han cumplido los criterios de inclusión como SQ. El perfil de la
víctima es el de una mujer española o latinoamericana joven (edad media: 25,9
años), que admite consumo de alcohol previo al episodio, y que sufre de amnesia
total o parcial de los hechos. El análisis toxicológico ha identificado: etanol
(61,7%), fármacos (40,2%, esencialmente benzodiacepinas) y drogas ilícitas
(27,1%, fundamentalmente cocaína), solas o en combinación.
En
EE.UU., en un estudio en el que se registraron 1.179 casos se detectó una alta
prevalencia de los casos positivos a alcohol, seguidos de cannabinoides,
benzodiacepinas, anfetaminas y gammahidroxibutirato (GHB). En un alto
porcentaje de casos la víctima había consumido voluntariamente alguna sustancia
y el agresor, a menudo un conocido de aquélla, se había aprovechado de esa
situación de debilidad.
En
EE.UU, concretamente California, se ha convertido en el primer estado que
requiere que los estudiantes que viven en los campus de las universidades
locales obtengan un consentimiento claro antes de tener relaciones sexuales. La
ley SB-967 conocida como “Sí quiere decir Sí” y firmada por el gobernador de
California Jerry Brown, define el consentimiento de tener sexo como un acuerdo
voluntario y no como la falta de resistencia. El texto legal establece que debe
de tener lugar un "acuerdo afirmativo, consciente y voluntario" para
tener relaciones sexuales y que éstas se pueden interrumpir en "cualquier
momento". El consentimiento puede transmitirse mediante un "sí"
verbal o indicarse en forma no verbal. Según la legislación, una persona que
está ebria o drogada, sin conocimiento o dormida no puede haber acordado
mantener relaciones. Además señala que el consentimiento puede transmitirse
mediante un "sí" verbal o indicarse en forma no verbal, pero la falta
de resistencia o de objeción no pueden tomarse como consentimiento. La ley
exige que las universidades que reciben fondos o ayuda del estado adopten la
nueva normativa e informen a sus estudiantes sobre la diferencia entre
relaciones consentidas y el asalto sexual.
También
señala que “el silencio o ausencia de resistencia no constituye consentimiento
y especifica que un acusado no puede alegar que había asumido que la víctima
había dado su consentimiento cuando esta estaba ebria, drogada, inconsciente o
dormida”.
En
algunos países, por ejemplo Nueva Zelanda, también se considera violación con
drogas cuando alguien las suministra a sabiendas y se aprovecha de su estado de
semiinconsciencia para cometer acto.
Sin
embargo, a pesar de que casi toda la atención se ha centrado en el consumo de
drogas ilegales en muchos países, lo cierto es que la sustancia más detectada,
con diferencia, en esos casos de violación con drogas es el alcohol.
Conclusión
La
sumisión química es una práctica que se lleva a cabo con mucha frecuencia a lo
largo de todo el mundo. Además, hemos de decir que el conocimiento de estas
prácticas era poco conocido por la sociedad, por lo que el agresor, en cierta
manera, tenía libertad y facilidad para cometer estos actos. No obstante,
recientemente, ya se han hecho campañas de información, formación y prevención,
que junto a los medios de comunicación, están enseñando a las personas a tomar
medidas para evitar que sean víctimas de esta sumisión química mediante
procedimientos y pautas de actuación entre las que cabe señalar:
- Estar
acompañado en discotecas y fiestas: tu compañero podrá servir de testigo posteriormente
para afirmar si los posibles efectos que tuviste estuvieron desproporcionado
con lo que tomaste en dichas discotecas o fiestas. Además, y lo más importante,
es que en caso de que te droguen tu compañero podrá protegerte para que no seas
agredido mientras duren los efectos de la sustancia.
- Cuando
se pide algo en alguna discoteca o fiesta para beber exigir que se os abra delante: aseguramos que la bebida está limpia y no se le ha añadido nada.
- En
discotecas y fiestas nunca dejar la bebida en la barra o cualquier otro lugar
que no sea tu mano o la de tus compañeros. Los agresores aprovechan que la
bebida está en la barra para, mientras la víctima está distraída hablando por
ejemplo, echar el estupefaciente en la bebida.
- Puede
ser que la sustancia no se disuelva bien en la bebida. Si al terminar dicha
bebida se observan polvillos o granos (parecidos por ejemplo a los polvos del
Frenadol Complex® que quedan siempre en el vaso porque no se
disuelven) avisar a tus compañeros y buscar asistencia médica para paliar los
efectos. La probabilidad de que sea una sustancia que produzca sumisión química
es alta.
Recientes estudios ya han demostrado algún
descenso de las víctimas de estos casos en algunos países o zonas de los mismos
y se le atribuye a estas campañas de prevención.